Frédéric Lordon acaba de publicar ” Capitalisme, Désir et servitude” y hace el enlace entre Marx y Spinoza.

El ángulo Alfa que nos presenta Frédéric Lordon en este libro, es, para esquematizar, el ángulo que nos acerca o nos aleja de nuestra servidumbre a los sistemas dominantes.

Me permito traducier el artículo de  politis.fr :

Lordon, marxista tendencia Spinoza

jueves 7 de octubre 2010, por Denis Sieffert

El economista  Frédéric Lordon nos propone una apasionante reflexión sobre los procesos de dominación en la sociedad capitalista, y alunas pistas para salir de ellos.

Al leer la última obra del economista Frédéric Lordon, pensamos a ese critico de teatro que preguntaba : ” ¿ Qué hay de nuevo en la nueva temporada ? », y que, sin variar, contestaba : « ¡ Shakespeare ! » Lordon, él, contestaría : « Spinoza y Marx ». No organiza el encuentro improbable de dos hombres que dos siglos separan, pero el cruce de dos filosofías – digamos dos “pensamientos”, para no ofender Marx, famoso autor de Miseria de la filosofía… El autor empieza haciendo esa pregunta sencilla: ¿ Cómo hace el capitalismo  para someter la mayoría al interés de unos cuantos ? Lo que lleva a esa otra pregunta : ¿ Cómo, para que olviden su dominación, hacer que los dominados sean felices ? Porque el capitalismo ” no hace”, pero ” hace hacer”. Y para ” hacer hacer” por los demás ( pleonasmo asumido), el empleador dispone de dos gamas de artículos con las cuales juega a lo largo de la historia: puede aterrorizar su empleado, pero puede también llevarlo al consentimiento. Convendremos que la primera opción es vulgar, y, al fin y al cabo, poco interesante.

Es la dictadura. La segúnda corresponde más a nuestra época y nuestras comarcas, y merece que la examinemos. El empleador puede efectuar una verdadera transferencia hacia su empleado hasta que este desée lo que su empleador desea, es decir la realización de un producto y la ganancia que la acompaña. Hay nonobstante algo misterioso en ese desplazamiento, porque, si se realiza el deseo del empleador, se limita la realización del anhelo del empleado a las necesidades de la simple reproducción de su fuerza de trabajo. ¿ Donde está el interés del empleado ? ¿ Gracias a qué magía llega a afiliarse a un interés  que no es suyo, y abrazar un deseo que es, antes de todo, el deseo del empleador ? Y es allí que, para responder a esas preguntas, Lordon, economista, director de investigación en el CNRS convoca Marx y Spinoza. Subraya su complementaridad que va según é, al revés de la cronología : es Spinoza que completa a Marx y le proporciona un suplemento de modernidad. El segúndo analiza las estructuras del capitalismo, demuestra su mecánica, escruta la posición del dinero en la relación asalriado-empleador. Nos enseña que, en la relación capilística la más primaria, el empleado recibe el dinero que necesita para vivir solamente de su empleador, mientras este lo tiene principalmente del financiero que le da credito.

Referiendose a los estudios de Michel Aglietta, uno de los fundadores de la escuela de la regulación, Lordon enseña cómo Marx vacía la moneda de su valor substencial  intrínseco, y solo conserva su contenido de relación social. Quand la moneda se vuelve en ” plata, dinero”. Y es este dinero que puede llegar a ser objecto de deseo. Hace falta entonces mirar hacia Spinoza. Porque es él que proporciona en la relación social ese ingrediente apasionante : el deseo. Ese afecto que puede llevar el empleado a identificarse al capitalista, pero también vivir con pasión su relación al trabajo.

Claro, ese deseo no va por si mismo. No hay ” servidumbre voluntaria”, escribe Lordon. Para llegar a ese estado que hace olvidar la dominación y crea en el empleado la ilusión que consiente espontaneamente a ella, el capitalismo moderno desplega tesoros de seducción. Es lo que Lordon lla ma el trabajo de ” enrolamiento”. Nos hundimos allí en las incumbencias cada vez vez más complejas de la dominación, y nos acercamos a Foucault y Bourdieu. Con ellos, entedemos que el proceso de dominación es hoy día  2 menos sencillo” ” que el antagonismo bipolar que analiza Marx”.  « El cara-a-cara de un patrón-dueño y de una masa de proletarios dirjidos por unos capataces, analiza Lordon, deja lugar a estructuras con cada vez más capas del hecho del ahondamiento de la división del trabajo y de la especialización interna”. Las relaciones de dominación están estalladas en una “miriada de relaciones de dominación segundaria”. Se apodera de la noción de ” cadena de dependencia” creada por Norbert Elias.  Al refinarse tanto, es la institución misma que acaba produciendo el deseo. ¿ Pero, al fin y al cabo,  la tentativa de enrolamiento ideológico y afectivo, y la resistencia que encuentra, no son la versión la más moderna del conflicto social ? Porque, cómo Lordon lo demuestra, el ” constructivismo afectivo de la empresa neoliberal”, con su arsenal de “coaching” y sus  ejercitos de psicólogos caseros y sus prácticas de motivación, nunca logra hacer olvidar de manera duradera la violencia que conlleva.

Lordon nunca es antimarxista. Pero, paradoja del economista – ¿ o modernidad del economista ? – son los procesos vinculados al afecto que lo apasionan. Y sugiere que es contra ellos que debemos finalemente preservanos y rebelarnos si queremos combatir el capitalismo sin substituir  a ese mismo nuevas relaciones sociales que conllevarán en ellas las mismas relaciones de dominación. No solo hay que poner en duda la propriedad privada de los medios de producción, estima Lordon. Dice que es una condición necesaria pero no suficiente.

El verdadero combate, que conllevará una sociedad verdaderamente diferente, ” comunista” – atrevemonos a usar esa palabra puesto que Lordon la emplea -, exige que afrontemos la perversidad psicológica de las relaciones sociales, afinada a lo largo del tiempo por el sistema neoliberal. « La salida de las relaciones sociales del capitalismo nos hace salir de la servidumbre pasional »analiza el economista. Más allá de la transformación marxiana, hay que substituir la razón a la pasión. Una razón que admite que la apropriación, es decir la rivalidad entre los hombres, no es la meta. Por lo cual llega a esa conclusión : ” el comunismo es una larga paciencia” y ” un esfuerzo continuo” que se aparenta al conatus de Spinoza. Lordon es un sabio. Y su libro una apasionante reflexión propuesta a todos aquellos que no renuncian.

Capitalisme, désir et servitude, Marx et Spinoza, Frédéric Lordon, La Fabrique, 215 p., 12 euros


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