Piedritas

Miro el horizonte y habla al sol. Escrivo cortos mensajes a los cuales no contesta. Normal. Es el sol. Los Egipcios tuvieron razón en crear su civilización.

Seguía su carrera de Persia en Hyperborea. Páginas más que escribir.  Quedate aqui. No te muevas. Palabras que corren en sus ojos, como pararlas y robarselas.

Tengo tinta pero necesito papel. Temo el regreso de Anastasia.

Emprendo el camino.

Ah, una piedrita ; que hace aqui, ¿ por lo tanto sé como entrar ? Habrá que hacerlas fluorescentes. La puerta del pantanal sigue igual de pesada. Pasandola evito un gorrión que tembla de frío sorprendido por la helada de la noche. Lo pongo dentro de mi mano derecha y lo cubro de la izquierda. Resopla. Abro las manos y vuela. Necesitaba un poco de calor. Monto Pégase – está prohibido volar en ciudad, lo reduzco a su registro de bici – y me preparo a atravesar el parking del puerto cuando oigo un ruido a mi derecha, cerca de un banco de piedra. Un ramo de flores que me suplican de llevarlas al sol. Sé donde se esconde. Lo creemos en todas partes, es practico, menos la noche.

Dejo el viejo Marlin, mi vecino, ese idiota claustrofóbico durante el invierno y agorafóbico durante el verano. Siempre deja entender que se va cambiar de amarre, en otro puerto, más lejos más barrato.

Es Navidad hoy, esperate un par de días, no encontrarás nada por el momento.Te dejo mis piedritas. No te olvides de devolvermelas cuando hayas encontrado tu sitio.

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